Es la filósofa Hannah Arendt la que acusa a la historia de una obsesión por la reflexión sobre la muerte y el olvido del primer rasgo de la condición humana, que es la natalidad. En La condición humana Arendt vincula el nacimiento con la acción: “El nuevo comienzo inherente al nacimiento se deja sentir en el mundo sólo porque el recién llegado posee la capacidad de empezar algo nuevo, es decir, de actuar.”
A pesar de la triste situación sobrevenida por la pandemia mundial del COVID 19, a lo largo del confinamiento se ha gestado un nuevo espacio de deliberación que ha tenido lugar en América Latina entre las orquestas de mujeres que se extienden a lo largo de este continente. Si bien la existencia de orquestas integradas sólo por mujeres no son una novedad, sin embargo sí lo es el espacio de deliberación común entre ellas para compartir experiencias, necesidades, inquietudes o prácticas.
Queremos traéroslo aquí, porque como apuntaba Arendt, la capacidad inherente de cada nacimiento es la posibilidad de introducir cambios y también la posibilidad de aprender de lo nuevo, ya que lo recién llegado hace puede aportar matices de los que aprender en la acción hacia la igualdad en el mundo de la música.
Los procesos socializadores a los que estamos sometidos fomentan procesos individualizadores en los que se construye sociedad desde el sujeto individual. En este contexto, la aspiración como individuos es la de la inserción y el éxito en una sociedad que no se transforma, sino a la que uno se adapta y o de la que queda excluido.Los procesos colectivos no son bien vistos en este contexto, en tanto que son entendidos como la pérdida de la propia esencia, delegando su capacidad crítica y de razonamiento, argumentación y participación a líneas de pensamiento asumidas.
¿Pero qué pasa si le damos la vuelta a lo colectivo, qué pasa si en lugar de pensarlo como una resta de individualidad lo pensamos como la multiplicación de lo común? Si lo entendemos como la participación y de la multiplicación de experiencias, lo colectivo es un lugar de crecimiento conjunto donde el sujeto colectivo que se genera no es homogéneo, sino como diverso, plural, abierto, en movimiento y sujeto a transformación. Es por eso por lo que creemos que estos espacios de deliberación son tan necesario y tienen tanto potencial.
En una estructura patriarcal, dar primacía a las relaciones y no a lo individual implica perder autonomía y libertad de decisión. Al reconocer la deliberación colectiva se pierde libertad subjetiva. Pero en este nuevo contexto, la experiencia personal de cada una de las mujeres de estas orquestas, y también la experiencia colectiva como orquesta, la experiencia escuchada, valorada y compartida en un ámbito de aceptación y reconocimiento recíproco, convierte a lo relación y colectivoen multiplicación exponencial de la capacidad de pensar y matizar aquello por lo que se lucha, aquello que se quiere cambiar. Los que ha cambiado fundamentalmente es la configuración del espacio en el que nos pensamos y los parámetros desde los que lo hacemos.